Los excesos cometidos durante las Fiestas Navideñas  pueden echar por la borda el esfuerzo que habíamos realizado para perder esos kilos de más.
Lo que propongo a continuación son platos poco calóricos, pero a la vez sofisticados, con una salsa original, combinando alimentos bajos en grasas, con un resultado atractivo para el paladar.

Normalmente  las salsas son fuente de calorías y muchas veces la causa de que un plato, en principio poco calórico, se convierta en una “bomba”. Os dejo tres ejemplos de salsas, “rectificadas” calóricamente, para que nuestros platos sean más apetitosos

-Salsa de manzana
Pelar las manzanas y cortarlas en rodajas muy finas. Ponerlas en 1 cazo, cubrirlas de agua y añadir un poco de azúcar (muy poco) o sacarina líquida, y un chorrito de zumo de limón. Se puede añadir también un poco de pimienta y una ramita de canela. Tapar, dejar cocer a fuego lento, vigilando que el agua no se evapore y se nos enganche, y luego pasar por la batidora. Esta salsa es ideal para acompañar carnes como el solomillo de cerdo.

-Salsa de champiñones
Normalmente esta salsa se haría con nata líquida, que sería la responsable del exceso de calorías, pero si la hacemos con leche semi o desnatada, este problema estará resuelto.

Primero sofreír la cebolla con muy poco aceite. Si lo hacemos a fuego lento, no se nos quemará. Si vemos que se pega, podemos añadir un poco de caldo de verduras. Si la salsa nos gusta más fina, aquí podemos pasar la cebolla por la batidora, luego devolverla al cazo, y añadir los champiñones cortados a finas láminas, hasta que cojan color (esto nos indicará que están hechos). A continuación añadir la leche semi o desnatada, una pizca de harina y remover durante unos 5 min, dejando que la salsa espese un poco. Esta salsa es ideal para acompañar pollo a la plancha, por ejemplo.

-Salsa de queso
En 1 bol mezclar 2 cuch. de queso batido 0% en materia grasa, un chorrito de limón, pimienta, orégano, perejil, tomillo y una pizca de sal. Esta salsa puede acompañar platos de ensalada o de pescado. Y es igual de buena, en caliente que en frío.

Se trata, en definitiva, de poner un poco de interés e imaginación para hacer nuestro platos más apetitosos, sin renunciar a la pérdida de peso. Que aproveche!