En España no hay legislación específica sobre alimentos light, aunque para que un alimento se considere light debe ofrecer un 30% menos de calorías que su equivalente convencional e incluir en su etiquetado la información de ambos productos (el del light y el del no light) .

Son alimentos light aconsejados los lácteos que reducen su aporte calórico, eliminando la grasa de la leche entera hasta conseguir leche desnatada, por lo cual disminuye el aporte de grasas saturadas, sin afectar significativamente a las propiedades nutritivas de la leche. Se pierde la vitamina D, pero muchos fabricantes la añaden después del proceso.

No todos los alimentos en los que se incluye el mensaje “sin azúcar”, “sin azúcar añadido”, “con fructosa”, “apto para diabéticos” son light o bajos en calorías. Es un claro ejemplo el de las mermeladas sin azúcar en las que se sustituye el azúcar convencional, por otro azúcar, la fructosa, que es igual de calórica.

Lo mismo ocurre con los cereales para el desayuno “tipo línea”, la mayoría tan energéticos como los demás a pesar de que las imágenes de su paquete y la publicidad, induzcan a pensar que se trata de productos menos calóricos.

Por otro lado, es común exceder el consumo recomendó de algunos alimentos, simplemente porque son “light”: Por ejemplo, si habitualmente ingiere una cucharada sopera de mayonesa normal, es habitual  que de la ligera consuma dos o tres, porque considera que apenas le aporta energía. Esto es un error, pues la diferencia energética no es tan grande como para triplicar su consumo. Es fundamental transmitir que los alimentos light también deben consumirse en cantidades moderadas.

A la hora de introducir alimentos light en la dieta siempre hay que leer los datos que indican las etiquetas, y conviene comparar la lista de ingredientes del alimento light con la del alimento tradicional, así como la composición energética y nutricional de ambos, no sólo por cada 100 gramos, si no también teniendo en cuenta la porción o ración de consumo, ya que puede haber más de una sorpresa. Por ejemplo: si se compara la composición de dos tipos de galletas, ligeras y normales, por 100 gramos la diferencia en calorías puede ser notable, pero si se calcula la diferencia energética teniendo en cuenta la ración de “cuatro unidades”, ya no lo es tanto. Comparar las características de los alimentos light y sus equivalentes tradicionales permite establecer si en verdad son adecuados o no a las necesidades de la persona.

Finalmente, hay que tener en cuenta que las grasas y los azúcares, consumidos en su justa medida,  son nutrientes necesarios para nuestro organismo, Si se sustituyen muchos de los alimentos convencionales por sus versiones light puede haber riesgo de carencia de nutrientes esenciales. El organismo no puede producir por sí solo alguno de ellos, más aún si el conjunto de la dieta no está correctamente diseñada. La grasa es vehículo de ácidos grasos esenciales (linoleico y linolénico) y de vitaminas liposolubles o solubles en grasa (A, D, E, K), que cumplen funciones de gran importancia en nuestro organismo. Por otro lado, si se consume poca cantidad de hidratos de carbono, el normal funcionamiento del organismo también puede verse alterado. Esto último sucede si se suprimen o limitan al máximo alimentos ricos en hidratos de carbono como cereales y derivados (pasta, pan, biscotes, etc.), patatas, legumbres, verduras y frutas.

La manera más eficaz en la que se pierde peso o se “adelgaza” es llevando a cabo una dieta correctamente diseñada, junto con la práctica de ejercicio físico. No sólo es mucho más saludable, sino que además ahorraremos en nuestra economía familiar, ya que muchos productos calificados como “light” son casi tan calóricos como los “no light”, pero valen el doble.