¿Dónde está la clase obrera? Cara a cara con el Nega.


manifestacionhuelguista-6dc7aPublicado en el semanario catalán La Directa.

A principios del siglo XXI, nos podemos preguntar si el conflicto de clase sigue los mismo parámetros que hace cincuenta años; si frente a las nuevas armas del capital y las nuevas formas de generar valor, la lucha obrera continua siendo vigente. ¿Dónde está, hoy, la clase trabajadora organizada? ¿Qué quiere decir, hoy ser obrero? ¿Hemos de continuar pensando en la fábrica, antiguo núcleo del mundo del trabajo, como un espacio de conflicto?

Nega, los chikos del maíz @chikosdelmaiz

Frank Sobotka y el postfordismo  

Decía un apenado Frank Sobotka —carismático líder sindical en The Wire que se ve abocado al contrabando portuario para mantener a flote al sindicato de estibadores— que: «en este país solíamos fabricar cosas». Sería un necio el que se empeñara en negar que, de 1973 hasta nuestros días, tanto el mundo del trabajo como la composición de la clase obrera, vienen sufriendo importantes transformaciones en sus estructuras y naturaleza. Resulta obvio que dichas transformaciones se han orientado a pauperizar y precarizar las condiciones laborales y con ello la vida de los asalariados: a grandes rasgos hemos visto cómo los sueldos se congelaban o descendían, las horas de trabajo aumentaban y el consenso post Segunda Guerra Mundial (materializado en el llamado estado de bienestar) se rompía en mil pedazos.

Los grandes relatos ya no servían, la idea de revolución era un anacronismo, la postmodernidad era la reina indiscutible del baile. Y tras la postmodernidad, el término «post» inundó cada centímetro de la vida política y cultural. Teníamos post-fordismo, post-historia, post-política, post-feminismo, post-televisión. Incluso (válgame el cielo) post-materialismo. ¿Y los trabajadores? Como suele ser costumbre en estos casos, fueron los que pagaron la barra de la fiesta. Y eso que no les dio tiempo a beberse ni un triste gintonik. Con el peso de la producción y la fábrica trasladada al sudeste asiático, los países se terciarizaban y el sector servicios se convertía en hegemónico. Que la fábrica (ahora en China o Bangladesh) desapareciera de nuestros paisajes, fue la excusa perfecta para sentenciar que la clase obrera había desaparecido o en cualquier caso, que su transformación había sido tan brutal que hablar en términos de «clase obrera» o «proletariado» resultaba anacrónico o trasnochado. Sólo existían teleoperadores e informáticos, colectivos que se convertían en la perfecta trampa y comodín para justificar la nula respuesta a la brutal contraofensiva neoliberal: no hay tradición de lucha, no hay tradición sindical y por tanto las viejas herramientas como el partido o el sindicato han quedado obsoletas.

Hace unos meses ocurría algo realmente insólito: por primera vez un colectivo de informáticos, trabajadores de la empresa HP, iba a la huelga y conseguía una victoria (parcial) en un ámbito laboral estrictamente post-obrerista. Sin complejas reformulaciones hasta el infinito, sin reinvenciones teóricas: organizándose en un sindicato de clase (CGT) y yendo a la huelga de forma masiva e indefinida. Claro que estos informáticos se consideraban a sí mismos «obreros del teclado». Quizá lo que falla no son las herramientas sino las personas. Quizá hacen falta más Sobotkas.

 Jorge Moruno Danzi, sociólogo @jorgemoruno

Todo cambia, el espíritu permanece

 La clase obrera no desaparece entre el proletariado multitudinario, ocupa su lugar dentro de este. La extracción de plusvalía se amplia más allá de los límites de la fábrica, pues fábrica es hoy, todo el espacio y tiempo de la vida sometida al tempo capitalista. Cuando decimos crisis de la sociedad salarial, no decimos que desaparece la existencia del salario, éste existe desde mucho antes de que existiera la sociedad salarial: De Roma viene la palabra, también la de proletario. Es la crisis de un modelo laboral incapaz de integrar por la vía del salario a cada vez más porciones de la población. Cuanto menos empleo hay más se trabaja, no solo porque quienes sí tienen empleo trabajan más tiempo, vean alargadas sus jornadas y reducidos sus derechos, sobre todo por la transformación de la relación entre empleo y trabajo: la dimensión productiva de la cooperación social que tiene lugar fuera de las jornadas laborales es demasiado amplia, tanto, que se convierte en la base y el punto de partida de lo que luego se desarrolla en el empleo.

Paro y pauperismo ya ha conocido la historia del trabajo, pero hablamos tiempos distintos. A los precarios intermitentes a principios del siglo XX les obligaban a entrar en la regulación laboral, ahora nos expulsan de ella. El capitalismo es una relación social que tiende a extenderse y a intensificarse en aquellas zonas y aspectos de la vida humana en las que hasta ese momento no había llegado. Culmina ese proceso donde el conjunto de la vida ha sido subsumido dentro de lo que venimos a llamar, Empresa-mundo. Ya no existe algo que mora afuera, otra posibilidad ni otro imaginario que pueda situarse al margen de la relación con la empresa-mundo.

El 89 es el 68 invertido, la alegría convertida en publicidad, el conflicto en la gobernanza, la ambición  en la búsqueda del éxito empresarial, los vínculos sociales en coaching y autoayuda. La posibilidad de pensar el mundo está totalizada por la patente de la empresa-mundo, capaz de incluir todo el abanico de la diversidad y pluralidad humana bajo un mismo paraguas: el de la propiedad privada. No es solo el tiempo de la jornada laboral, es el ocio, el saber, los sueños, las emociones, la comunicación, la forma de pensar lo que pensamos, nada escapa del capitalismo normalizado como el estado natural de la vida. La vida adopta la textura de la empresa. Luchar contra la figura del emprendedor entendido como nomos comunitario, pasa por ubicar al antagonismo desde dentro y contra la empresa-mundo, dentro y fuera del empleo. Repartir el oro y el tiempo, para que el tiempo deje de ser oro. El capital ha secuestrado en su seno la cualidad comunista de la cooperación, seamos el Alien que se incuba en su interior.

 

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Catalunya y Madrid: mejor unidos


Cadena humana el 11 de septiembre en Barcelona / RAMÓN FORNELL

“Si jo l’estiro fort per aquí i tu l’estires fort per allà, segur que tomba, tomba, tomba, i ens podrem alliberar”.
Lluis Llach, L’estaca.

Artur Mas no tuvo que hablar ante un comité olímpico –esperemos que nadie en nombre de Barcelona lo tenga que volver hacer–, pero sí se puede decir que hizo el ridículo.Escucharle hablar nombrando a Martin Luther King es toda una aberración.Una formación como la de CiU que practica el apartheid sanitario y que en 2010 su lema de campaña era “A Catalunya no hi cap tothom” (en Cataluña no cabe todo el mundo), no puede apelar a Luther King. No pueden hacerlo los que asedian las plazas llenas de democracia, los que vacían ojos de vida, los que empobrecen y roban a la población.

Pero el movimiento por el derecho a decidir e independentista no es una invención de Artur Mas, aunque así lo haya pretendido, tampoco lo capitanea, ni siquiera lo puede hacer ERC, porque estamos hablando de un movimiento organizado autónomamente dentro de la sociedad civil. En este punto todas las élites, las catalanas y españolas, muestran que viajan en la misma clase: ante todo, que nada se les escape de las manos, que el poder constituido, el régimen español del 78 –para el que CIU es clave en su estabilidad–, consiga impedir cualquier línea de fractura constituyente. Ahora es el turno de la política, Rajoy y Mas deben buscar vías, vías que deberán aunar el respeto a las leyes y al principio democrático; esas son las pautas de el editorial de La Vanguardia al día después de la Diada. Las élites oligarcas comparten en sus presupuestos la misma insistencia en definir a la ley como la base de la democracia, en lugar de percibir a la democracia como la base de la ley. Si para el 1% cualquier posibilidad desbordante de la multitud debe ser desactivada, cualquier amigo de la libertad debe apoyar ese desborde democrático.

Nadie sabe que tonalidades acabará tomando el movimiento, razón de más para tratar que su deriva no caiga en la ciénaga de las pasiones tristes. Esto no está claro, esto puede ser peligroso, esto es interesante, sigamos entonces el consejo que nos lanza Lenin, ¡Analizad este algo diferente de un modo concreto, señores! A la izquierda española la cuestión nacional le provoca grandes problemas, el 15M también se los provocaba y por el mismo motivo, la clase. Unos porque son movimientos donde la clase no aparece en el papel protagonista –aunque sí lo atraviesa–, los otros porque la clase no se presentaba tal y como predicaba el diseño que elaboraban los gabinetes. A veces, la discusión sobre cuestión nacional se resuelve con lecturas simplistas, cargadas de una fuerte dosis de moralidad, incapaces de abarcar políticamente la complejidad de la situación.

La equidistancia con la que los telediarios y medios tratan las formas fascistas de los ataques en Madrid, porque para ellos la política se gestiona como una empresa y simplemente se posicionan contra “los radicales”, debería ser un motivo claro de posicionamiento a favor de la democracia. Contra la lectura que equipara el ataque a la librería Blanquerna con la quema de una foto del Rey, donde unos coartan la libertad de expresión y otros la ejercitan. Por mucho que les disguste a algunos, seguramente la biógrafa de Voltaire, Beatrice Hall, me daría en esto la razón cuando escribía, “estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Contra esa misma lectura cínica de la transición que no ve la necesidad de vincular la cultura democrática al repudio absoluto de la dictadura. Suelen ser los mismos entornos que dicen huir de la política pero luego militan en las filas de la ideología neoliberal, la misma práctica ideológica que provoca el desierto social, abono perfecto donde cultivar fascismo.

No hay comunidad humana por ridícula que sea, que no cuente con una cierta mistificación de su pasado a la hora de contárselo a sí misma, también la de la clase. Cualquier población que así lo desea tiene el pleno derecho a decidir, en este caso sobre la cuestión nacional, pero ese derecho a decidir se podría ampliar a muchos otros aspectos de la vida, también en Madrid. Los y las catalanas, no por no vivir la situación de Palestina, por poner un ejemplo extremo, no van a dejar de reivindicar su derecho a ser lo que quieran ser. No vayamos a reproducir la perspectiva del que manda, del mando, como cuando llama privilegiados a los trabajadores del metro en huelga y los compara con un precario temporal y luego al precario con un parado y así hasta el infinito en una escalera que siempre baja pero no sube nunca. El grado de sufrimiento no determina el derecho.

Sin símbolos no hay política. Los símbolos nacionales esconden derivas muy peligrosas –también la clase–, pero al mismo tiempo pueden convertirse en una fuente de alegría plebeya contra los de arriba. En nuestro caso, hubo un tiempo que teníamos otros símbolos como la bandera republicana, los colores del anarcosindicalismo, o la bandera roja, que cumplían una función similar. Hoy es complicado ver en ellas lo que ayer fueron. La ausencia de símbolos puede tener derivas horribles. En un viaje que hice con Bla Bla Car, la misma chica que se preguntaba por qué la gente necesitaba de banderas y símbolos para significarse, al mismo tiempo repetía con orgullo el eslogan de “Lidl”, empresa en la que trabajaba de RRHH. El vacío de la significación colectiva lo había llenado con la nación de la empresa.

¿Qué significa independencia en la Europa del siglo XXI? Una respuesta que nadie ha resuelto. ¿Cómo se entiende la creación de un Estado moderno dentro de una arquitectura soberana postmoderna? Preguntas fundamentales, pero que no excluyen nunca el previo derecho a querer decidir. Decidir es la piedra angular de la política, que cuando lo hacen muchos se llama democracia y cuando es patrimonio de pocos, servidumbre. En Madrid y en Catalunya, los ingredientes del cambio social vienen a ser los mismos aunque se preparen con recetas distintas: desobediencia, derecho a decidir, democracia. Estiremos juntos que sale la estaca del régimen, y en esto, mejor hacerlo unidos.

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Derecho a decidir es democracia


Creo que cuando se argumenta que no es la independencia sino el derecho a decidir lo que es esencialmente antidemocrático, no estamos ante un malentendido, estamos ante un desacuerdo tal y como Jacques Rancière lo entiende. No es una confrontación entre blanco y negro, lo es entre dos formas distintas de interpretar el blanco. Cuando la decisión significa la pugna entre quién tiene derecho a decidir y sobre qué se decide, afirmar que no todo puede ser decidido -las normas de tráfico ponen de ejemplo-, es asumir de antemano que ya existe un campo naturalizado donde el poder constituido está territorializado, anclado y el punto de partida, discutir el todo, es incuestionable. En el  objeto de todo este discurso, la democracia para poder considerarse tal cosa, debe evitar y negar su aspecto democrático, es decir, una democracia donde el demos tiene poco que decidir. La democracia como protocolo formal incluso dentro de nuestra limitada versión, se corresponde cada día menos con su constitución material.  Quienes pensamos que la democracia viene de la mano de la subversión y organización autónoma de los sujetos en la historia, la subversión de aquellos que ven impedida su decisión en torno a los asuntos que afectan a su vida, no podemos dejar de percibir en ese discurso que niega el derecho a decidir otra cosa que lo que dicen combatir: indicios de totalitarismo. Derecho a decidir es democracia porque decidir es la clave de la política. Si el poder de decidir no es común y se privatiza no puede haber democracia real.

Quien apoya su discurso desde la defensa de lo existente pero nunca desde lo que puede existir, cierra el campo a la posibilidad de otro posible y apoya como última ratio la obediencia ciega al soberano, aunque sea a la fuerza. Al soberano según Hobbes se le tiene que hacer caso siempre y cuando éste tenga la capacidad de mantener la protección/coacción, pues para Hobbes miedo y libertad no son excluyentes. Según él un marinero arroja libremente la carga del barco si tiene miedo de que ésta evite su salvación en caso de hundimiento. Siguiendo esta línea donde legal y legítimo siempre coinciden, todo lo que queda bajo la ley es democracia y poco importa que la democracia, la parte que no tiene parte, exija un cambio de ley. Solo en la desobediencia, en la ruptura y el conflicto,  se genera un cuerpo social consciente de sí mismo, de su exclusión entre las partes  capaz de forzar a la ley por la vía de lo legítimo. El desacuerdo reside en que para unos la democracia es un orden jurídico petrificado como un régimen caduco y para otros, la democracia reside en la potencia productiva del ser que adapta la ley a su necesidad y no al revés. Cambien Catalunya por Madrid y obtendrán el mismo discurso asentado sobe la fe ciega en el que manda. Podrán comprobar que aunque se trate de otro tipo de movilizaciones, seguirán enfrentando la idea de la democracia con la  desobediencia cuando se cuestiona el fundamento de la ley ilegítima, también seguirán exigiéndole a  la población que obedezca por su seguridad mientras se empobrece democráticamente.

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Madrid 2020: En este juego lo que menos importa es el deporte


¿LOW COST?

Ana Botella vende la idea de que se trata de un nuevo concepto, de una nueva forma de entender las olimpiadas, una candidatura low costse presupuesta que entre gastos e ingresos esperados el desembolso de las arcas públicas será de 1670 millones de euros. Esto se debe en gran medida a que como nos vienen repitiendo, Madrid ya tiene construidas el 80% de las infraestructuras, el 20% restante costarán en principio 1518 millones procedentes de distintas arcas públicas; ayuntamiento, comunidad y gobierno central. Pero lo podemos ver al revés, si a Madrid le quedan por construir solamente el 20%, quiere decir que el 80% restante está construido al margen de albergar o no las Olimpiadas. Es decir, Madrid, según un estudio del propio ayuntamiento, lleva gastados 6536 millones de euros en los últimos 10 años para construir infraestructuras olímpicas (algunas se supone que van al margen de las Olimpiadas). Los empleos directos generados por esa inversión en el sector de la construcción fueron de 44.600, todos ellos volatilizados en los últimos 5 años de crisis. En Abril de 2008 había en Madrid la mitad de parados en el sector de la construcción que en abril de 2013: 15.000 frente a 32.000. Tres cuartas partes de los empleos derivados de la construcción de infraestructuras para los JJOO se generaron en años anteriores y ya han desaparecido. Para aclararnos: contabilizando también empleos indirectos e inducidos, el sueño olímpico generaría entre 169.000 y 173.500 empleos entre 2004 y 2025. ¿Low cost? Como mínimo y sabiendo que los presupuestos iniciales siempre se disparan, los JJOO de Madrid saldrían por 8206 millones de euros. ¿Quién asumirá los desajustes en la inversión? Las arcas públicas.

TURISMO

 La ciudad como escaparate sirve para atraer turismo, lo cual a su vez ayuda a generar empleo en una de las principales industrias del país, el Sol. Esta es la razón por la que muchas veces se cede todo tipo de privilegios a las inversiones, se acepta la devaluación de la población para así ser competitivos y convertirse en un destino atractivo, porque a fin de cuentas, genera empleo, poco importa el tipo de empleo que sea y si éste aporta una mínima seguridad vital, eso es secundario, lo que importa es que se crea empleo. Ni siquiera esto es tan cierto, en todo caso hay que verlo al revés: los empresarios no generan empleo, sino que contratan la menor cantidad posible de personal apoyados además por las sucesivas reformas laborales –los costes de despido se reducen un 23%- y a la coyuntura de miedo y precariedad generalizada.  Como decía un hotelero de Madrid, donde antes tenías dos camareros, ahora pones uno. Es la fórmula del más por menos, más beneficio con menos coste. España lleva 3 años consecutivos desde 2010 aumentando en número de turistas y este 2013 más todavía. En 2009 con 52,2 millones de turistas se generó más empleo que en 2012 con 57,7, casi 58 millones de turistas. 2012 con casi un 2,7% de visitantes foráneos que en 2011, acabó generando menos contrataciones en los servicios de alojamiento. En el cuarto trimestre de 2012, los ocupados del sector turístico se reducen un 5,2%.

En el primer trimestre de 2012 podemos observar que se han destruido 600.000 puestos de trabajo en el sector turístico en comparación con el primer trimestre de 2008. El poco empleo que se crea es mayoritariamente de tres tipos: parcial, temporal y falsos autónomos. En el último año han desaparecido 600.000 asalariados y para hacernos una idea, en mayo de 2013, solo 7,49 de cada 100 empleos creados eran fijos y en agosto, de un total de 1,04 millones de contratos firmados solo 62.000 son indefinidos. Los contratos a tiempo parcial representan ya el 16,4% del total. En Madrid ciudad, si bien este año 2013 hasta julio ha bajado un 5,7% la llegada de turistas con respecto al mismo periodo de 2012, desde 2008 exceptuando 2010, hasta 2012, último año de incremento en la llegada de turistas a la CAM y a la ciudad, las cifras han sido favorables. En esta coyuntura la CAM, registra  una bajada en el empleo del sector entre 2008 y 2012 de 400.000 a 312.000 empleados, casi 100.000 empleos menos con más turistas.

Un mono con ametralladora

Asistimos a la crónica de una estafa anunciada. Con las olimpiadas se quiere volver a impulsar el mismo modelo, las mismas lógicas e incluso los mismos actores que hicieron posible ese modelo especulativo inmobiliario que ha centrado el crecimiento en los últimos 15 años. Volvemos a dar más poder a los mismos que nos metieron en este lío. La corrupción es la condición necesaria para urdir el modelo de crecimiento basado en el ladrillo: lubricante y consecuencia de todo un entramado que trafica con contratas públicas y pone al servicio de las constructoras el erario público. El crédito fluye, pero de abajo hacia arriba. No es una corrupción del modelo, es el modelo de la corrupción, es un modelo que solo se sostiene con la estafa a la ciudadanía.  Constructoras como OHL cuyo presidente Villar Mir está imputado por supuestamente haber donado dinero al PP para recibir contratas, aparece como aliado e interesado en la celebración de los JJOO Madrid 2020. Todo queda en familia.

Unos datos para enganchar con el proceso de desposesión capitalista o lo que es lo mismo, de empobrecimiento general: el mismo día que la CAM anuncia que destina 530 millones a la candidatura, lo hace para decir que reduce 533 del presupuesto sanitario. Mientras, la CAM destina un 55% más de presupuesto –unos 972 millones de euros-, para cubrir las operaciones derivadas a clínicas privadas, o como la CAM ha reducido en los presupuestos 2012-2013, destinados a escuelas concertadas. En los institutos de enseñanza secundaria, el recorte en presupuesto es de un 21.7% al tiempo que en los centros subvencionados solo ha sido del 2,6%. Madrid anuncia que privatizará la gestión de parques públicos, incluidos los históricos, también anuncia el borrador de una Ley de competitividad del transporte, donde se busca externalizar más servicios públicos y regular su gestión de forma privada.

Nuestros representantes aseguran que la inversión pública es totalmente viable, ¿A usted no le parecen claros signos  de un país que camina de cabeza al subdesarrollo, quitar dinero de la educación, de la sanidad, pisotear derechos laborales, mientras se asume con normalidad acoger unos JJOO? Es como si a un chimpancé le das una ametralladora, se vuelve loco disparando a todas partes y de tanto emocionarse disparando se le cae el arma y nosotros la recogemos, se la volvemos a dar y nos preguntamos cínicamente, ¿A ver qué pasa  ahora? Al final se trata de la distribución del poder porque la corrupción como decía Maquiavelo, nace de la desigualdad que existe en la ciudad y para establecer la igualdad es preciso recurrir a medidas excepcionales. La ciudadanía tiene que forzar esas medidas excepcionales, solo en el conflicto y contando con la fuerza necesaria podemos expropiar la democracia a los saqueadores, acabar con este comunismo de los ricos y la dictadura de la mercancía que somete la vida al Dios mercado. Menos mal que tenemos a Ana Botella de nuestra parte, es nuestra mejor carta.

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Empresa-mundo


¿Por qué en una época de empobrecimiento general aparece con más fuerza el discurso que te promete alcanzar tus sueños individuales? El problema no es la situación sino los miedos, las dudas y las malas influencias que te impiden desarrollar tu potencial que llevas dentro. Es un juego macabro que hace del embudo de la supervivencia una situación meramente subjetiva. “Código emprende”, “emprendedores”, en la 1 y en la 2, la TV pública al servicio de la difusión de una determinada forma de entender la organización social del conocimiento bajo la perspectiva de la propiedad privada. Todos somos empresa, todos somos responsables y asumimos riesgos, todos tenemos que actualizar nuestro producto -nuestra mente y cuerpo-. Eres un sujeto soberano, tú decides si quieres perseguir tus sueños o convertirte en un perdedor -o emperdedor-.

¿Pero quién decide lo que yo tengo que decidir, a qué intereses responde? Eso no se discute comunista,  eres un agente “tóxico”, una mala influencia que no quiere ser “libre”. Las explicaciones y preguntas que ponen en duda el marco en donde se encuadran todas estas posturas y el modo en el que pensamos lo que pensamos, es decir, negar la máxima, son calificadas de excusas ante la falta personal de éxito. Nada de esto es natural, ni la idea de alcanzar el éxito, ni del tipo de éxito, ni la de aportar valor para que te empleen, ni ninguna de las pautas que nos marcan y segregan en tanto y cuanto logramos ser o no, “héroes” de nuestras vidas. Son todas herramientas culturales y psicológicas que funcionan acorde al proyecto político de los ricos: acumular todavía más riqueza en menos manos, mientras los que somos más y lo perdemos todo, nos quedamos mirando el dedo en lugar de la luna.

Todos tenemos que saber gestionar nuestras emociones, nuestra forma de comunicar, de presentarnos en sociedad, pues de ese “gobierno de sí mismo”, depende nuestra empleabilidad, nuestra posibilidad de aspirar a formar parte de un proyecto empresarial, la aspiración a poder ser explotados laboralmente. Todo es emprendedor, pensamiento positivo, ficción comunista de lo que en realidad es el mayor saqueo de unos pocos sobre muchos. La cultura del coach ya la tenemos interiorizada porque no se trata solo de sesiones personalizadas, sino de un imaginario social y colectivo: “Pesadilla en la cocina”, “Masterchef”, todos incluyen ese componente de asesor de habilidades, de time management, de programador de capacidades, de empatía propietaria. Los casos más extremos son  el programa “El jefe” y “Millonario anónimo” del canal Xplora, donde se expone la peor lectura que pueda llegar a tener la idea de caridad, ayudando a reproducir un imaginario de “héroe” y “súbdito agradecido”. Es una vacuna cultural contra el antagonismo, el conflicto y la posibilidad de acabar con las razones que producen pobreza y la explotación. La arquitectura no entra en la discusión. Poco hay más abyecto con la vida pero al mismo tiempo tan funcional al proyecto neoliberal de expropiación masiva: acabaremos dando las gracias por ello, cuando los mismos que nos hacen nadar entre la mierda nos suelten un poco de agua.

La política se reduce a una mera “superación personal” en ámbitos concretos y bajo formas definidas, donde la democracia desaparece por completo en el mundo totalitario de la empresa. Hay que adaptarse es el lema de esta dictadura de nuevo cuño. La realidad del parado y por supuesto dentro de un tiempo la del precario, no responden a cuestiones políticas y socioeconómicas, sino sobre todo a taras mentales, a su incapacidad por adaptarse a un nuevo entorno más competitivo que demanda una serie de características y cualidades que esta gente o bien no cumple, o lo hace de manera deficiente y obtiene lo que se “merece”. Todo apunta a estigmatizar moralmente al “enfermo”: al adicto por su debilidad o al parado por su falta de empleabilidad. Ser culpable de tu situación es una forma de afirmar que es el “paciente” quien crea su enfermedad y por lo tanto, en cierto modo se la merece. El pensamiento positivo es su solución perversa que infla su negocio de la búsqueda de felicidad cuanto más se normaliza y se extiende la desesperación e incertidumbre.

Algunas de las tesis de los “ordoliberales” alemanes como por ejemplo W. Röpke,pueden ofrecernos algunas pistas sobre este proyecto de la empresa-mundo. Röpke consideraba que la alternativa -tras la II Guerra Mundial-, frente a la proletarización masiva de parte del campesinado y la concentración industrial y territorial de la población obrera, que arrastra el mal de la “colectivización”, está en extender a todos ellos la noción de la propiedad. Una sociedad basada en la competencia y la democracia del consumo, es una sociedad libre. La ética del trabajo y la responsabilidad individual son las bases para huir tanto de la providencia del Estado social como del laissez faire salvaje. Hacer a todos propietarios para “cerrar el foso entre proletarios y burgueses”. El Estado debe centrar su intervención en el individuo económico para no hacerlo dependiente del Estado social y conseguir  a través de la responsabilidad que implica la propiedad, extender la noción de que todos debemos ser empresarios. La empresa es la apuesta universal desde donde el individuo construye su autonomía y capacidad de elección, en un mundo dominado por una multitud de individuos sometidos a un orden unitario asentado sobre el “derecho privado” y la democracia del consumidor.

El parado es un paria y el indefinido un privilegiado: la precariedad es la protagonista en el modelo social basado en la dictadura de la servidumbre feliz en la empresa-mundo. Volvemos a los tiempos de la producción dispersa en los inicios de la modernidad, pero ahora el taller no se reduce a un espacio y un tiempo, la explotación se presenta en todo lugar y en cualquier momento. Existen otras posibilidades que caminan en la dirección contraria a la tesis planteada por Röpke, donde  la propiedad no sea el patrón de medida y de acceso al bienestar, ya que su propia definición lo niega cuando se priva a otro de algo. Lo que son los medios de vida comunes no pueden privatizarse, hacerse propiedad, al contrario, deben entenderse como recursos donde la idea de bienestar implique que nadie se quede fuera porque otros le expropien y se apropien de su parte. Renta básica, reparto del empleo y derecho al tiempo, o empleabilidad y servidumbre. Que nuestros sueños se conviertan en su peor pesadilla.

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Shopping


No es solo el trabajo lo que ha quedado envenenado por la filosofía de la competencia; igualmente envenenado ha quedado el ocio.

Bertrand Russell

 

En los tiempos que corren la marca no se define por el producto que nos ofrece, aquello que se encuentra ante nuestros ojos, lo hace en cambio, por el imaginario que envuelve  lo que se compra. No se vende un producto asociado a un imaginario, sino un imaginario asociado a un producto que lucha por abrirse camino en la ardua economía de la atención. Esta diferencia transforma por completo el papel del consumo a la hora de ordenar y construir nuestras inquietudes, anhelos, identidades y aspiraciones. La empresa ya no vende objetos, ahora vende cosmovisiones y construye el sentido de los significados, genera su propia comunidad aspirando convertirse en unalovemark.

En la sociedad feudal se nacía con la identidad, el campesino trabaja, el cura reza y el caballero batalla, la ausencia de transportes que pudieran romper con el equilibrio local y alterar la movilidad reforzaba las posiciones de sus identidades. En la modernidad industrial las identidades se hacían, se construían y se mantenían; había que vivir como un burgués para serlo y diferenciarse del proletario.  El obrero se sentía tal cosa en su identificación ambigua con la empresa, lugar donde se perpetra la explotación, pero también de encuentro entre los compañeros. Ahora la identidad no es un hecho colateral sino la primera de las motivaciones de la empresa, dirigida tanto para los clientes como los empleados creando una comunidad de intereses que sirve de tejido antropológico que amplía su campo de acción y de relación (stakeholders). La empresa no solo coloniza el espacio público y los tiempos y ritmos de vida, ahora además lo hace construyendo una nueva forma de ser y entender lo que somos.

En la postmodernidad las identidades son lábiles, fugaces, rápidamente intercambiables al pulso de la moda, a golpe de tarjeta y están, como todo el campo de la cultura, subsumidas al proceso de producción y acumulación capitalista. El consumo se ha perfilado como un fascículo de identidades que reproducen mundos de deseo y experiencia. Toma la posibilidad real, material, de la existencia de múltiples identidades y las instrumentaliza en clave de propiedad privada, esto es, haciendo de algo común una mercancía que priva a otros de su uso. Pero además, el consumo ya no está pensado para responder a las necesidades de la producción, ahora ambos puntos se mezclan llegando el consumo a ser el punto de partida de la propia producción.

La publicidad es esa potente y leninista arma semiótica encargada de producir consumidores, de idear hábitats mentales tratando de que se vuelvan reales de tanto creerlo. Para inventarse sus propios mundos, la empresa necesita introducirse de lleno en el mundo social y lograr reproducir dentro de sus propias paredes un ambiente y un ecosistema que simule el target al que apunta. Comunicación y comunidad comparten la misma raíz etimológica: la comunidad se forja en la manera de comunicar y ambas ayudan a generar aquello que llamamos cultura. Cuando la comunicación está sometida al proceso de producción capitalista generamos la comunidad de los consumidores. El extremo al que nos conduce es la servidumbre agradecida, la democracia del consumidor empaquetada como elección autónoma y la empresa como gestor de la asistencia social, (como aparece en el programa de TV “El Jefe”), los valores ecológicos etc…

De igual forma que la empresa integra dentro, lo que le interesa de afuera tratando de optimizar la innovación interna, –el conocimiento de todos los empleados volcados en mejorar el funcionamiento de la empresa-, también lo hace a la inversa. Lo de dentro se integra en lo de afuera, lo que en la jerga empresarial llaman innovación abierta, esto es, aprovechar todos los canales, instituciones y conexiones externas al espacio de la empresa que le permitan escuchar la conversación y recabar información, de cara a fomentar la creatividad e interpretar los cambios y gustos del mercado, su público de referencia en el que se vuelca su atención. La empresa mantiene una total hegemonía sobre las posibilidades que puedan existir en los gustos, las atracciones, los sueños, las ambiciones y los deseos. Podrían existir otros posibles, pero la empresa-mundo totaliza la condición humana. Ya no eres tú quien se introduce  en el mundo de la empresa, ahora es la empresa la que confecciona tu mundo. Nada escapa a la lógica de la empresa: en el empleo pero también cuando vas y vuelves del trabajo o vas en busca de uno, cuando asedian la mente  colectiva con los anuncios. Toda la población recibe la llamada del consumo pero cada vez menos pueden responderla  quedándose fuera, pues no consumir cuando las necesidades básicas se mercantilizan es sinónimo  de ser un excluido.

El Shopping adquiere un sentido propio, se ha convertido en su propio fin y ya no como el medio para satisfacer la necesidad de tener vestimenta o contar con determinado producto. Irse de compras es un estímulo provocado que recae sobre todo en el papel de la mujer, haciendo de una intencionada lectura de su feminidad la revancha del mercado contra la liberación abierta por el feminismo. La consigna pseudoplebeya que animan los patronos del comercio busca reivindicar el derecho al Shopping apelando a las masas y desplazando la decisión de eje democrático, pasando de los derechos sociales y colectivos, al perfil del consumidor soberano de un tiempo y una decisión, que en realidad no le pertenece.

Necesitamos recuperar el dominio sobre el tiempo al totalitarismo de la institución empresa. La interpretación por una renta básica puede llegar a convertirse en el futuro en una batalla por su significado, oscilando entre la autonomía social frente a la privación que provoca el mercado, o convirtiéndose en un mecanismo funcional al espacio liso del Shopping. Cada uno está preso de su placer decía Spinozaciertamente, pero eso no exige expropiar a la población  privatizando  sus medios de vida, ni estimular constantemente el deseo de insatisfacción al mismo tiempo que se profetiza la felicidad. Esa es una posibilidad que ya conocemos y vemos a donde nos lleva, sin embargo en el mercado también existe la resistencia en su propia relación. Intentemos buscar ese mismo placer partiendo del mismo puerto pero tomando barcos distintos, aquellos nos lleven imaginar otra posibilidad, esa que a Bertolt Brecht le parecía lo sencillo que es difícil de realizar.

 

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Acusaciones y calumnias, ciudadanos y chivatos


Maquiavelo diferenciaba entra las acusaciones y las calumnias: las primeras beneficiaban a mantener la libertad de la República, las segundas la corroen. Las acusaciones sanean los conflictos en la ciudad, necesitan de testigos y pruebas que las certifiquen; se acusa públicamente ante una institución, sea el pueblo, el consejo o los magistrados para que la multitud desfogue su indignación. Las calumnias, al contrario, son rumores, chismorreos donde cualquiera puede ser calumniado desde los soportales. Cuanto mejor regulada está la acusación menos espacio queda para calumniar. La acusación responde a una sociedad civil organizada, la calumnia a una atomizada donde todos son desconocidos.

El que acusa es un ciudadano, el que calumnia un chivato. La propuesta del gobierno de denunciar el fraude laboral se enmarca en la segunda, la de la calumnia y los chivatos. Las acusaciones son públicas, el chivato es anónimo. Pero para que se pueda acusar es necesario sentar las bases democráticas e instituciones que lo permitan, pues de lo contrario, los pocos siempre obran a gusto de los pocos.Cuando no existen mecanismos que ofrecen seguridad material para denunciar a quien te impone lo que hay o a la calle, la víctima nunca podrá acusar a su verdugo porque su dependencia es total. La propuesta aunque se plantea en términos generales hace especial hincapié en la persecución del más vulnerable, de ahí que resalte las cifras de prestaciones por desempleo que se han retirado. ¿Dónde ponemos el acento con el fraude laboral? ¿Tenemos que ser juzgados todos por igual ante la ley?

Si lo que se trata es de mejorar la recaudación y evitar el fraude, el primero objetivo deben ser esos 80,000 millones que se defraudan a Hacienda, donde el 71% responde a las grandes empresas. Hacer una reforma fiscal donde los que más tengan paguen más y no al revés, donde los que menos ganan más pagan en proporción. Pero si nos queremos ceñir al fraude laboral, el detectado en el desempleo por el gobierno en 2012 representaba solo el 0,15% de los parados que recibían subsidio. Fraude también se puede considerar que durante el último trimestre de 2012 los asalariados trabajaron 2,630,000 horas extraordinarias a la semana que no fueron remuneradas por la empresa según el INE. Por primera vez el número de horas extra no remuneradas superaba a las que sí lo están, lo cual genera una situación donde se perdieron 65,260 empleos a jornada completa. Fraude laboral son los contratos laborales que aplican una categoría inferior a la actividad desarrollada en el puesto de trabajo para poder remunerar mucho menos al trabajador.

Fraude laboral es el llamado contrato emocional donde la empresa exige al empleado una dedicación mucho más intensiva, una militancia, excediendo lo firmado en el contrato entre iguales. Fraude laboral existe cuando la jornada laboral en España es la más larga de la eurozona y que además entre 2008 y 2012, aumentaba un 1,4% mientras a nuestro alrededor descendía un 1,6% las horas medias de trabajador por año. Se estima que se han destruido por este motivo 540,000 empleos. Fraude laboral es la reducción de los costes de despido en un 23% desde la aplicación de la última reforma laboral y fraude laboral son los cientos de empresas denunciadas por impedir el derecho a la huelga.

Pero el fraude también se encuentra en un falso concepto de la igualdad. Por ejemplo, desde el año 2007 al año 2010, el porcentaje de trabajadores que viven bajo el umbral de la pobreza ha aumentado pasando del 10,8% al 12,7%. No se puede juzgar con una misma vara de medir una persona que cobre 650 euros de paro y lo compagine con un trabajo precario, temporal y parcial de 400 euros, que una empresa que se aprovecha de la situación y contrata en negro a sus trabajadores, o utiliza las deducciones –subvención en realidad- para contratar jóvenes y despide cuando le conviene para seguir cobrando. No es lo mismo defraudar por necesidad material que hacerlo por aumentar el lucro, no es lo mismo tomar una barra de pan para comer que tener la barriga llena y quedarse con la panadería. Para juzgar con igualdad hay que partir de la desigualdad existente.

Promover la denuncia individual a problemas de tipo social no ayuda a modificar las relaciones de dominación y por lo tanto la existencia del fraude. Es necesario sentar las bases para que el fraude, que siempre es más grande cuanto más margen de acción y poder se tiene, se minimice al mínimo posible repartiendo riqueza y ofreciendo seguridad, ambas dos caras de la misma moneda. Una buena medida en la línea que propone el gobierno, sería que la policía investigue a fondo las denuncias de sus trabajadores y detenga al vicepresidente de la CEOE, Arturo Fernández, ese empresario que vive a costa del erario público y se jactaba en reconocer orgullosoque le debe millones a la Seguridad Social.

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